Sanitarios saturados

Sanitarios saturados

Sí, habéis leído bien. Este artículo se llama «Sanitarios saturados» y aunque queremos que llame vuestra atención, también es una realidad.

Nos encantaría poder decir que en ningún momento vamos a tener que utilizar estas palabras para describirnos a nosotras mismas y más trabajando en el ámbito de salud mental.  Sin embargo, es importante que visibilicemos las emociones desagradables y los momentos complejos a nivel emocional que tod@s tenemos y que son, no sólo normales, sino también necesarios.

Así que aunque normalmente nos centramos en aspectos que creemos que os pueden interesar a tod@s, hoy vamos a aprovechar nuestra propia experiencia para hablar sobre algo que tod@s sentimos en ocasiones.

¿Cómo sé que estoy saturada? 

Esta es la pregunta del millón y es que, ostrás, ¿Cuándo no estamos cansados, o tenemos más ganas de descansar de lo que la vida nos permite? Por supuesto que esto es algo muy normal y es natural que el esfuerzo que nos requiere trabajar nos suponga una consecuencia en nuestro estado físico. 

 

Pero, el problema viene cuando este cansancio y fatiga pasan a un siguiente nivel. Cuando no tengo ganas o energía para hacer actividades que me gustan, cuando tareas rutinarias del día a día se me hacen un mundo, cuando la sensación de tener que hacerme cargo de las cosas me genera ansiedad, cuando mi entorno personal me genera angustia, cuando no puedo afrontar el resto de áreas de mi vida porque no me siento con fuerzas, etc. Todos estos ejemplos, hablan de una afectación importante del trabajo y cómo nos sentimos en él.

El trabajo no tiene porqué pesar tanto a nivel emocional. Por supuesto, no siempre vamos a encontrar un trabajo que nos llene y nos ayude a crecer profesional o personalmente. Pero éste no debe de suponernos un precio en nuestra salud.

¿Por qué me he saturado? 

Buscar la causa de sentirse saturado requiere mirar tanto hacia dentro, como hacia fuera. Y es que la realidad este tipo de situaciones tienen como causas factores internos y externos. 

 

Dentro de los factores internos influyen de forma importante las herramientas de gestión emocional que hemos aprendido, nuestra capacidad para desconectar del trabajo y sobre todo, nuestra autoexigencia y la responsabilidad que nos atribuimos. ¿Esto quiere decir que es malo ser autoexigente o responsable? No, por supuesto que son buenas calidades para un trabajador,  pero cuando se llevan sin límite nos ocasiona dificultades en diferentes áreas. Por ejemplo, no ser capaz de delegar cuando la cantidad de trabajo nos sobrepasa o trabajar más horas de las que realmente podemos. Si quieres leer sobre cómo desengancharse del trabajo, pincha aquí.

Dentro de los factores externos hay que tener en cuenta el tipo de trabajo en el que estamos y la estructura que conlleva. Cuando el trabajo conlleva un ambiente laboral en el que la exigencia es más alta que la capacidad personal para asumirla, genera estrés y sensación de nunca finalizar el trabajo. También las dinámicas que se generan en nuestro ambiente de trabajo son importantes, ya que cuando compartes la carga se hace más ligera.

¿Qué hago con todo esto?
 

 

Ahora llega lo más práctico de toda esta situación, ¿Qué hago para manejar esta situación en la que me encuentro? Lo primero y más importante es tener en cuenta que necesitamos descansar de una manera no exigente. Es decir, normalmente cuando nos proponemos descansar del trabajo, pensamos en realizar actividades de ocio que están muy bien. Pero antes de todo esto, tenemos que permitirnos descansar de cualquier actividad que nos demande cognitivamente. Saborear lo bueno de perder el tiempo y simplemente parar.

Una vez hemos recuperado energía es importante que trabajemos en dos vías importantes: cómo enriquecer nuestras áreas no laborales y qué cambios podemos hacer en nuestro trabajo y nuestra forma de enfrentarnos a él.