No sé lo que me pasa, me siento mal y no sé por qué

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No es extraño que te hayas sentido mal en algún momento de tu vida, incluso, tal vez, frecuentemente. Por eso, es importante conocer el significado de nuestras emociones.

¿Por qué me siento mal a veces? ¿Es algo recurrente en mí?

Hemos aprendido a buscar la causa y efecto de lo que nos ocurre, sintiendo en esa explicación un lógico alivio y bienestar. Ahora bien, no siempre lo que sentimos está relacionado con un evento claro y externo como puede ser discutir con tu pareja, tener una mala racha en el trabajo o acabar de perder a un ser muy querido.

La mayoría de veces nuestro mundo interno y emocional es mucho más complejo de lo que pudiera parecernos. Tener una mezcla de sensaciones que no terminamos de ordenar y que nos hace sentirnos mal sin saber exactamente por qué o sin encontrar motivos de peso, hace que el estar con nosotros mismos sea desagradable.

Muchas personas se encierran en esos estados emocionales, teniendo una bajada significativa de ánimo, mientras que otras personas se activan buscando de forma compulsiva algo que les haga escapar de ellos mismos y poder así, olvidar ese malestar.

Mi mundo emocional

Las emociones son definidas como alteraciones del estado de ánimo, en forma agradable o desagradable, que van acompañadas por sensaciones corporales. Tener estas sensaciones corporales y estos cambios de estado de ánimo, nos señalan que nuestro cuerpo está funcionando adecuadamente. De la misma manera que una señal de dolor en el tobillo puede indicar que nos hemos hecho daño y que nuestro cuerpo está procurando que pongamos atención y hagamos algo con ello, las emociones son señales que nos avisan e indican que debemos prestarles atención.

Es posible que seas una persona que no se sienta muy cómoda prestando atención a ciertas sensaciones. Es habitual que, especialmente con las categorizadas socialmente como “emociones desagradables”, nos sintamos incómodos y asustados. Esto hace que queramos “quitárnoslas de encima” cuánto antes.

Como mencionábamos anteriormente, podemos intentarlo hacer a través de distintas formas de escape o desconexión de nuestro mundo interior, o podemos quedarnos encerrados en nosotros mismos, anulando cualquier capacidad de reacción. Siguiendo con el ejemplo del dolor en el tobillo, podríamos seguir haciendo deporte, corriendo y excediéndonos, omitiendo totalmente la señal de dolor; o quedarnos en casa, cancelando cualquier otra actividad que sí pudiésemos hacer por no ser capaces de dejar de atender esa sensación.

La reacción que tenemos ante nuestras emociones importa

En los ejemplos anteriores, la reacción que se tiene ante la sensación es negativa. No es de extrañar que reaccionemos así en un mundo en el que existe tanta sobreinformación sobre patologías como la depresión, ansiedad o trastornos de alimentación, entre otros. A la señal de que no estamos bien, nos han enseñado a asustarnos de ello.

“¿Por qué no me encuentro bien?” “No debería sentirme así”…Esto hace que nos encontremos todavía peor, añadiendo culpabilidad y mayor sensación de descontrol o pérdida. Es normal querer encontrarse bien y querer tener sensaciones agradables, emociones de alegría, cariño, tranquilidad y paz. Sin embargo, este tipo de sensaciones existen gracias a que sabemos qué es sentirse mal, por lo que tenemos que empezar a ver nuestro mundo emocional como lo que es: una montaña rusa. Las emociones son alteraciones, por lo que no experimentarlas significaría no tener emociones. Por tanto, esta montaña rusa tendrá épocas tranquilas, con menos subidas y bajadas, y otras más frenéticas, con cambios más bruscos. Esto es totalmente normal, y nos pasa a todas las personas.

Abrazando mis emociones, sean cuales sean

Las emociones están en nosotros para poder darnos información, son señales que tenemos que atender. Tener una mala reacción ante ellas, asustarnos, o negarlas es lo que hace que nos encontremos peor tanto a corto, como especialmente a largo plazo. Por lo tanto, hay que confiar en la emoción.

Para ello, vamos a empezar dando un paso adelante, confiando. La próxima vez que te venga una emoción, sea agradable o desagradable, permítetela. Fíjate en qué sientes, intenta ponerle nombre y déjalo estar. Esto será el primer paso de un camino hacia el autodescubrimiento y hacia una mejor relación con estas señales, lo que nos terminará conduciendo a una mejor  gestión emocional en los momentos difíciles. Este proceso lleva tiempo y es posible que en algún momento necesites acompañamiento y ayuda de un profesional. Si quieres plantearte el acudir al psicólogo, puedes informarte de ello con más profundidad en nuestro artículo sobre “cuándo acudir al psicólogo” pinchando aquí.

En nuestra página web podrás obtener más información sobre el equipo de PonsPsicología y nuestro centro.

Si quieres seguir informándote sobre las emociones, no te pierdas el artículo de la semana que viene sobre gestión emocional: ¿Para qué sirven las emociones?