¿Cómo mejorar la comunicación con mi hijo?

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Una de las principales preocupaciones que tenemos con nuestros hijos es la falta de comunicación que hay cuando tienen un problema o un malestar, especialmente en la adolescencia. Esta situación no es tan alarmante como parece. Puedes ayudarle a gestionar sus emociones con las herramientas de comunicación directa que te contamos en este artículo.

¿Cómo puedo detectar sus emociones difíciles? ¿Cómo acompañarle?

Algunos niños son muy abiertos para contarnos qué les ocurre y sus emociones. Otros son menos comunicativos, y es útil conocer trucos y actividades para acercarnos a ellos de manera indirecta. Poder así reconectarnos y acompañarles en aquello que están sintiendo y necesitando. Para empezar a entrenar, sigue leyendo.

Abrir la comunicación de manera directa:

La comunicación sobre emociones puede ser de manera directa, y sin miedo. Algunos adultos hablan con sus hijos de rutinas, de situaciones cotidianas, de estudios, pero no hablan  de cómo se sienten. No tengas miedo a abrir estos temas. Puedes preguntarle de manera muy directa ¿cómo estás?, ¿estás preocupado?, ¿hay algo difícil por lo que estás pasando?

Si en vuestra familia no tenéis práctica en esto, al principio es probable que contesten con una evasiva. Pero sigue practicando. Verás qué ocurre.

Es muy importante tu ejemplo. Si el adulto cuenta repetidamente información personal, opiniones, situaciones que le han ocurrido, un tema que le frustra o un conflicto, entonces el hijo aprende a contar cómo se siente. Si el adulto no comparte, con el tiempo, el hijo dejará también de contar lo suyo.

No puede ser una comunicación unidireccional. Con los niños más pequeños, efectivamente elegimos bien qué contar y cómo, muy adaptado a su edad. Nunca darles información que les desborde o les haga sentir inseguros adaptado a cada nivel evolutivo. Pero igualmente, es importante contar anécdotas que está viviendo el adulto, cosas de su día a día, y también cómo se siente, adaptado a su nivel.

Nunca hagamos interrogatorio como método de abrir la comunicación con el hijo. No funciona. Puede servir a corto plazo, pero a la larga, no habrá una comunicación fluida y, desde luego, no surgirá espontáneamente por parte del niño.

Mucho ojo a mis reacciones:

Párate un momento y trata de recordar la última vez que tu hijo te contó algo personal. ¿Cómo reaccionaste? Algunas reacciones erróneas muy típicas son:

  • Enfadarte. Por ejemplo, tú hija te cuenta un error que ha cometido en el colegio y tú te enfadas. Seguirá cometiendo errores, como todos, pero tratará de ocultártelos. Además es muy probable que ella ya viniera sintiéndose avergonzada por su error, no necesita añadir más carga. Y si esto se repite mucho en el tiempo, es posible incluso que aprenda a menospreciar tu opinión en esos determinados temas.
  • Desmoronarte, preocuparte en exceso o dejarte ver muy afectado. Por ejemplo, si tu hijo te cuenta que está sufriendo bullying en el colegio y tú reaccionas con una tristeza desmedida, perdiendo la perspectiva. En futuras ocasiones te ocultará la información para ahorrarte el disgusto. Seguirá sufriendo bullying, sintiéndolo además como algo a ocultar.
  • Minimizarlo. Por ejemplo, tu hijo te cuenta que tiene miedo a enfrentarse a una situación. Tú, con la mejor intención le dices que eso es una tontería y que ni lo piense. Se sentirá incomprendido y buscará otros referentes para compartirlo.
  • Dar lecciones de padre ejemplar. Por ejemplo, tu hija te confiesa algo personal y tú presumes de lo bien que lo hacías tú de joven Le provocará rechazo tu historia, dejará de escucharte, se sentirá muy distinta a ti y por tanto incomprendida. A menudo creemos que ponernos de ejemplo referente como padre que sacaba buenas notas, se organizaba y tenía éxito ayuda a nuestros hijos a tener un norte. Sin embargo, les hace sentirse inferiores, distintos y poco conectados con nosotros.

Para algunos adultos hay emociones incómodas, que tienden a evitar. Algunos tienden a evitar expresar la tristeza, otros evitan expresar miedo, y en otras familias se evita expresar el enfado como una reacción natural y permitida.

Puedes hacer un repaso de cuáles son las emociones que tú como adulto gestionas y expresas cómodamente y cuáles, por el contrario, tiendes a evitar. En la medida en la que tu hijo crece, si observas abiertamente, podrás detectar que probablemente también las viva como emociones tabú a evitar.

· Ejercicio por pasos para abrir comunicación:

Ha sucedido algo que ha afectado a mi hijo. Me gustaría que me lo cuente y a la vez ayudarle.

1º) Pregunto y sólo escucho los hechos y opiniones. Escucha activa y atenta. Sin responder con mi opinión ni dar ningún consejo.

2º) Pregunto cómo se ha sentido con ello. Si no está familiarizado con expresar emociones, le sugiero la que creo que puede haber sentido. “¿y te has sentido enfadado?”. Igualmente, sigo sin opinar ni dar ningún consejo. Sólo escucha activa.

3º) ¿Qué se te ocurre qué podrías hacer para mejorar la situación? Le invito a que proponga una solución o mejoría para lo ocurrido. Acepto sus propuestas, sin corregirle.

4º) Sólo en el cuarto paso intervengo. Si sus propuestas han sido útiles, le refuerzo para que se sienta aún más seguro y capaz. Si no ha conseguido enfocarlo de manera adaptativa, le sugiero alguna propuesta. Sólo si estuviera muy equivocado o estuviera saltando alguna norma importante, entonces pongo un límite y le corrijo.

Los pasos 1 a 3 son solo de escucha activa, pregunto con interés y no intervengo. Solo intervengo en el paso 4, en caso de que haga falta redirigirle o aportarle información a la que no esté siendo capaz de llegar por sí mismo.

Si hacemos este ejercicio de paciencia y escucha, nos llevaremos sorpresas sobre su ya gran capacidad de razonamiento y, probablemente, veremos que nos escuchan aún más de lo que creemos y que en su manera de resolver ya ha interiorizado muchas herramientas que aprendió anteriormente con nosotros.

Puedes descargar este ejercicio en una infografía en PDF pinchando aquí.